Hace ya varias centurias que la celebración del Día de los Muertos (Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO) invade todo México, y también algunas regiones de Centroamérica y de Estados Unidos, en especial donde radican los hispanoparlantes. ricanos, como se puede constatar en la Piedra de Sol o Calendario Mexica,  en estas noches (1-2 de noviembre).. D De sur a norte y de oriente a occidente, el recuerdo y la memoria de los antepasados tiñe el país con los tonos anaranjados de la flor de cempaxúchitl, y la sonrisa de las calaveras, calacas y esqueletos que danzan en las noches del 1 y 2 de noviembre.

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Por cierto, en un giro sincrético, estas fechas coinciden con los días de los Fieles Difuntos y Todos los Santos de la religión católica, y con el Halloween o “Víspera de todos los Santos” de la tradición que une lo católico con el Samhain o “fin del verano” de origen celta.

En todo caso, en México esta festividad está arraigada en los orígenes mesoamericanos, como se puede constatar en los seis días dedicados a los muertos en la Piedra de Sol o Calendario Mexica, y también en las culturas maya, purépecha y totonaca, por mencionar algunas.

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Por ello, de entre los cientos de lugares y regiones del país donde el Día de Muertos adquiere tonos propios, hemos seleccionado la Ciudad de México y Pátzcuaro, en Michoacán . En estos dos destinos, las costumbres son herederas de dos culturas ancestrales, la mexica y la purépecha, respectivamente.

Día de muertos en la capital: un asunto de tradición y de arte contemporáneo

En la Ciudad de México, la manifestación contemporánea del día de muertos no se agota en los panteones de San Fernando o de Dolores, si bien éstos bien valen una visita.

En el zócalo, la monumental ofrenda de este año estará a cargo del artista contemporáneo Felipe Ehrenberg, quien sorprenderá a propios y extraños a unos metros del Templo Mayor, donde el sincretismo ritual trasmina en piedras milenarias como el tzompantli (o muro de cráneos) que recuerda el encuentro con Mictlantecuhtli, el dios de los muertos mexica.

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Y, en Coyoacán, el Museo Frida Kahlo, o Casa Azul (donde viviera la artista) presenta una ofrenda, diseñada este año por el artista del papel Humberto Spínola. El tema será “Dulces para Frida”.

Por su parte, el Museo Diego Rivera-Anahuacalli (estudio y templo del muralista), también es un digno sitio de peregrinación en estas fechas. Este año, la ofrenda fue comisionada a la artista Betsabée Romero, con el tema del Xantolo, o la vertiente huasteca de la tradición.

Pátzcuaro y las islas de Apatzi

La región lacustre de Michoacán, poblada por la cultura purépecha, y posteriormente por los españoles, con Vasco de Quiroga al frente, reúne a diversas localidades donde remembrar a los difuntos es un asunto tan serio como hermoso.

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El panteón más conocido y visitado es el de Tzurumútaro, en Pátzcuaro, pero además en islas como La Pacanda, Urandén, Yunuén y, la más conocida, Janitzio, se hacen bellísimas ofrendas.

Sin embargo, lo más singular de un viaje a Pátzcuaro es que por las noches, las aguas del lago se encienden y se puede admirar la danza de los pescadores que rinden tributo a Apatzi (el dios de la muerte de los “tarascos“). Este espectáculo ígneo es una experiencia verdaderamente inolvidable.

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