Mineral de Pozos, el complemento perfecto del Cervantino

Que el Festival Internacional Cervantino es uno de los encuentros culturales más interesantes del año nadie lo pone en duda. Sin embargo, las multitudes que atiborran los restaurantes, callejones y bares de Guanajuato abruman hasta la locura. La fortuna es que esta ciudad —apacible y entrañable en cualquier otra época del año— tiene magníficos vecinos.

Para empezar, San Miguel de Allende, con su ambiente tranquilo, sus excelentes restaurantes, sus bares de jazz y algunos de los hoteles más exclusivos de México.

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San Miguel de Allende, foto: Getty Images

También está León, cuna de los mejores artesanos del zapato de México… y del mundo: aquí, a la par de las botas vaqueras a prueba del tiempo, la moda y el más duro de los trajines, se fabrican artesanalmente ejemplares de marcas de la talla de Salvatore Ferragamo.

Pero además hay otro destino que muy pocos conocen: Mineral de Pozos es el complemento perfecto de un viaje al Festival Cervantino para ver una representación de Ubu Rey, del dramaturgo francés Alfred Jarry; un concierto de Monogram, del Cuarteto Fauré o una exposición del oaxaqueño Francisco Toledo, por mencionar sólo algunas de las decenas actividades de primer nivel que tendrán lugar del 7 al 25 de octubre.

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Y es que en Mineral de Pozos, un antiguo pueblo minero, sede de una de las escuelas piloto del gran proyecto del Porfiriato, ofrece entre sus alucinantes estructuras en ruinas, sus acogedores hoteles boutique y sus raíces prehispánicas, toda la calma que uno necesita para asimilar la experiencia del festival. Lo que es más: del 16 al 18 de octubre los amantes del cine podrán disfrutar del propio Festival de Cine Independiente de Pozos, un gran foro para realizadores y otros talentos emergentes, que nos recuerda que el mayor legado, sino es que el propósito mismo de los festivales —como de los viajes— es expandir los horizontes

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Sociedad de los viajeros renuentes

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Los selectos miembros de la SVR han viajado mucho. A veces muy bien. Y otras, muy mal. Ahora bien, lo malo no se refiere a los contratiempos sorpresivos: perder un tren, equivocarse de ruta o probar un bocado francamente repugnante es parte de lo que buscan cada vez que abandonan lo conocido. Lo lamentable es cada minuto en que la genuina curiosidad le ha cedido su lugar al más trillado sentido común.

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