Philip Glass en Antropología: Las notas de piano animan una de las terrazas más queridas de México

Las dimensiones de la fuente del patio del Museo Nacional de Antropología, construido en 1957 por un equipo liderado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, permitieron el montaje del escenario circular en forma de anfiteatro que recibió el pasado 23 de noviembre a cuatro estupendos pianistas, además del maestro compositor e intérprete Philip Glass, en una noche sin igual.

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Glass es considerado como uno de los máximos compositores que ha surcado por el firmamento de la música contemporánea, gracias a piezas tan emblemáticas como la trilogía Qatsi (“Powaqqatsi”, “Naqoyqatsi” y “Koyaanisqatsi”), la ópera “Einstein on the Beach”, con la dirección del vanguardista Robert Wilson, o la musicalización de películas como “La Bella y la Bestia” de Jean Cocteau.

El programa de la noche se abrió con la interpretación del maestro Philip Glass de su obra Metamorphosis 2 a la cual siguieron Etude 3, Etude 4 y Etude 14 en manos del consagrado pianista Aaron Diehl, para dar paso a Etude 11, Etude 12 y Etude 13 interpretadas por la inmejorable Maki Namekawa, quien deleitó al auditorio con su impresionante dominio técnico y energía al teclado.

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La emotiva interpretación de Namekawa dio entrada a Jenny Lin, quien siguió las partituras del compositor tocando Etude 7, Etude 8 y Etude 15, para escuchar finalmente  al estupendo Timo Andres quien terminó la ronda de invitados al piano con Etude 19 y Etude 20.

El cierre del concierto se puede considerar desde ahora como un ejercicio de virtuosismo en manos del aclamado compositor: su interpretación de Mad Rush fue simplemente sublime y memorable.

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Pero la cercanía de Glass con México no solamente se aprecia en las múltiples presentaciones que ha realizado en diversos foros de la capital, sino también en piezas que han tomado motivos de la cultura mexicana como material creativo, entre ellas “Three Songs for Chorus” (1984), que se basa en poemas de Leonard Cohen, Raymond Lévesque y el premio Nobel de literatura mexicano Octavio Paz, además de la Sinfonía n. 7 o “Toltec” (2004) que toma como pretexto de composición a dicha cultura cuyos monolitos en forma de tótem, por cierto, mejor conocidos como “atlantes” son una de las muy probables referencias que inspiraron el pilar del patio adonde tuvo lugar el concierto; un patio que desde ahora habrá quedado marcado por los sonidos de la velada, entreverados entre los relieves de los hermanos Chávez Morado sobre la columna, y que, esperamos, seguirá siendo sede de muchos eventos más que continúen prolongando su vida y recordándonos su espectacular hospitalidad.

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