Primaveras ajenas: de la savia del maple canadiense al otoño austral

La pasión de los japoneses por los cerezos en flor es de una legitimidad contagiosa. Cada año, los estadounidenses peregrinan a su capital al inicio de la primavera para asistir al espectáculo de la floración de los 3000 cerezos que recibieron como regalo del alcalde de Tokio, Yukio Ozaki, en 1912. Aunque eso sí, si nos dieran a escoger, nosotros, como miembros de la Sociedad de los Viajeros Renuentes, nos declinaríamos más bien por el estudio del escultor Isamu Noguchi en Nueva York, cuyo patio está plantado, huelga decir, con un silencioso sakura (cerezo) que vela sus esculturas, algunas de las escasas piezas talladas por el hombre que no palidecen ante la belleza —cromática, aromática, gráfica— de estas frágiles y efímeras criaturas del reino vegetal que son las flores del cerezo.

p1En México, la ciudad de Mérida, Yucatán, explota en estas fechas de rojos y amarillos gracias a los guayacanes y tabachines que, según cuentan, mandó plantar el político, periodista y revolucionario Felipe Carrillo Puerto en un fantástico gesto comunista floral. En la capital de Tabasco, a estos dos colores se suma el rosa del macuilí. En Puerto Vallarta, el amarillo se debe al árbol redundantemente llamado “primavera, que, como el guayacán, es de la familia de las Tabeuia. En los valles centrales de Oaxaca, la Cuaresma se anuncia con la aparición de unas delicadas flores color fucsia conocidas como “coquitos”, o Bombax elipticum.

Primavera en el DFEn la Ciudad de México, la llegada de la primavera es sinónimo de jacarandas en flor: quien viaje de marzo a mayo, debe asegurarse de que la ventana de su cuarto mire hacia un parque, una plaza o, cuando menos, un arbolado camellón. Y, de ser posible, visitar el patio color lila que el arquitecto Luis Barragán le dedicó a este árbol en la casa que construyó para los Gilardi en la colonia San Miguel Chapultepec.

Ahora bien, la jacaranda es un árbol originario de Sudamérica, donde, por cierto, lo que para nosotros son tiempos primaverales traen más bien los más contundentes fenómenos otoñales: en la Patagonia, por ejemplo, la intermitencia de las nubes y lluvias se traducen en fabulosos cielos, que sólo sirven de fondo, junto con los glaciares, a los bosques teñidos de rojos, anaranjados, ocres y amarillos.

Y si bien en Canadá la primavera se asocia con los tulipanes que tapizan los parques de Ottawa desde que la familia real holandesa enviara 100,000 bulbos de su flor nacional en agradecimiento a este país que hospedó a la princesa Juliana durante la ocupación nazi, lo cierto es que a pocos kilómetros de ahí, en los bosques de Quebec, el calor y los botones tardan más en llegar. Por eso, en aquella provincia francófona la primavera se celebra esquiando, o bien en cabañas rodeadas de nieve, donde se degustan festines en torno al jarabe de los maples, cuya savia empieza a escurrir con los primeros deshielos, y se recoge de la superficie helada para enrollarla en una rama, y formar las más dulces, viscosas y rústicas paletas de temporada.

Jarabe de Maple

Recorrer cientos o miles de kilómetros en busca de un capricho de la naturaleza —que como buen capricho, puede darse el lujo de adelantarse o retrasarse o… simplemente no suceder—, es de aquellos actos poéticos que más nos gustan. Pero eso es porque hemos aprendido a reconocer, a fuerza de sorpresas, que una rama sola en realidad está cargadas de flores por suceder, si no es que acaba de dejar caer los últimos pétalos del año. Y no sólo eso, también, que toda sola rama es un dibujo; una escultura de madera que bien convendría detenerse a descubrir.

¿Estás listo para tu capricho de primavera?

Sociedad de los viajeros renuentes

Sociedad de los viajeros renuentes

Los selectos miembros de la SVR han viajado mucho. A veces muy bien. Y otras, muy mal. Ahora bien, lo malo no se refiere a los contratiempos sorpresivos: perder un tren, equivocarse de ruta o probar un bocado francamente repugnante es parte de lo que buscan cada vez que abandonan lo conocido. Lo lamentable es cada minuto en que la genuina curiosidad le ha cedido su lugar al más trillado sentido común.

Nuestra misión: transmitir a los lectores aquellas ideas de viaje capaces de seducir hasta al más rejego de nuestros miembros honorarios.
Sociedad de los viajeros renuentes

Publicaciones recientes de Sociedad de los viajeros renuentes (ver todos)