Salir, pero de lo común

Gilbert Keith Chesterton

The traveler sees what he sees. The tourist sees what he has come to see.
[El viajero ve lo que ve. El turista ve lo que ha venido a ver.]
Gilbert Keith Chesterton (1874-1936)

Los relatos de viajes, los que importan, tienen su origen en la urgencia de plasmar una experiencia para la cual el viajero-autor aún no tiene ni siquiera palabras. Sólo que viajeros como Marco Polo (1254-1324), que abrió la imaginación europea a las maravillas de Oriente; el eunuco chino Zheng He (1371-1433), de quien se dice descubrió América antes de Cristóbal Colón; o incluso cronistas británicos del siglo XX como Bruce Chatwin o G. K. Chesterton narraban sus aventuras a un público que difícilmente tendría jamás los medios para abandonar su comarca.

Viajeros por el mundo

Ahora bien, el mundo jamás había visto moverse a tanta gente —de la que lo hace por gusto— como en los últimos años. Y entonces resulta fundamental preguntarse sobre el sentido que puede tener un blog de viajes —otro blog de viajes— en el siglo XXI, más allá del impulso de relatar, como hacen los más ególatras de los viajeros a través de grafitti, posts o selfies, que “uno (también) ha estado ahí”.

Cualquier autor con pretensiones de ser leído fuera de su círculo íntimo, tendría que sentir la responsabilidad de proponer, en cada uno de sus textos, una idea o una experiencia, si no nueva, al menos propia. Idealmente más de una.

Ésa es, al menos, la cuota que regirá este nuevo proyecto, escrito por viajeros tan compulsivos como difíciles, de los que sólo se mueven cuando el prospecto de vivir, ver, oler, tocar o escuchar algo nuevo es tan seductor, que simplemente no pueden permanecer inertes.

Y que con todo, se mueven mucho.

Dice el escritor estadounidense Mark Twain que viajar “es fatal para el prejuicio, la intolerancia y la estrechez de la mente”, y que es imposible percibir a los hombres y las cosas en toda su amplitud si uno se queda toda la vida “vegetando en un pequeño rincón de la tierra”.

Sin estar del todo seguros de tal aseveración, sí coincidimos en algo: la importancia de abrir los horizontes. Algo que incluso quienes se desplazan, seguido olvidan hacer.

Ahí es donde entramos nosotros.

Sociedad de los viajeros renuentes

Sociedad de los viajeros renuentes

Los selectos miembros de la SVR han viajado mucho. A veces muy bien. Y otras, muy mal. Ahora bien, lo malo no se refiere a los contratiempos sorpresivos: perder un tren, equivocarse de ruta o probar un bocado francamente repugnante es parte de lo que buscan cada vez que abandonan lo conocido. Lo lamentable es cada minuto en que la genuina curiosidad le ha cedido su lugar al más trillado sentido común.

Nuestra misión: transmitir a los lectores aquellas ideas de viaje capaces de seducir hasta al más rejego de nuestros miembros honorarios.
Sociedad de los viajeros renuentes

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