La gran obra Decó que encendió los hoteles de Las Vegas

Las luces, las fiestas, las piscinas y los campos de golf de Las Vegas nos hacen olvidar que la ciudad se fundó en un desierto. Sin embargo, una escapada a la presa Hoover nos recuerda su historia alucinante.

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Se puede decir sin exagerar que el proyecto transform√≥ la faz del suroeste norteamericano. Ideada en 1922, construida entre 1931 y 1936 e inaugurada ese mismo a√Īo, la presa Hoover ‚ÄĒpor el ex presidente‚ÄĒ se termin√≥ dos a√Īos antes de lo estipulado, con un esp√≠ritu fiel a la √©poca que pretend√≠a demostrar la superioridad t√©cnica del hombre frente a la naturaleza.

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El reto: desviar el R√≠o Colorado, despu√©s de haber recorrido el mismo cauce durante 12 millones de a√Īos, con el fin de abastecer ‚ÄĒcon ayuda de 17 generadores hidroel√©ctricos‚ÄĒ a dos de las mayores capitales del entretenimiento del orbe: Los √Āngeles y Las Vegas. Encima, la proeza permiti√≥ que el desierto de la regi√≥n se convirtiera en algo mucho m√°s ambicioso que una zona habitable.

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Para el viajero, la visita es una experiencia √ļnica: un muro de 221 metros de altura en la frontera de los estados de Arizona y Nevada, hecho con 6 millones de toneladas de hormig√≥n, contiene un peque√Īo oc√©ano situado a 56 kil√≥metros de la capital del desenfreno. Pero adem√°s, esta magna obra ingenieril tiene un ingrediente que quiz√° no sea tan evidente: el estilo Dec√≥ de su arquitectura, sus esculturas y ornamentos.

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Dise√Īada por el mismo arquitecto que construyera el famoso Hollywood Palladium, y que hiciera los trazos del edificio de Los Angeles Times, el trabajo de Gordon B. Kauffmann nos ha legado la mayor joya hidroel√©ctrica dec√≥ de la historia. Y el arquitecto, no contento con realizar los trazos principales y establecer su caracter√≠stico estilo, invit√≥ a dos artistas a participar en el proyecto.

El primero, el escultor de origen noruego Oskar J. W. Hansen, realiz√≥ un memorial dedicado a los 112 trabajadores que perdieron la vida durante la construcci√≥n del complejo, aquellos que ‚Äúmurieron para que el desierto floreciera‚ÄĚ, como reza la placa. El escultor tambi√©n dise√Ī√≥ las ‚ÄúAlas de la Rep√ļblica‚ÄĚ, esculturas que se pueden visitar en el mismo sitio, cuyo piso muestra un mapa de las estrellas.

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Por su parte, el dise√Īador Allen Tupper estuvo a cargo de los pisos en los interiores y la terraza, para los cuales se apropi√≥ de la est√©tica de los indios pima, originarios la regi√≥n.

As√≠ pues, aunque no se vea a simple vista, ni compita en popularidad con los grandes hoteles, centros comerciales y casinos ‚ÄĒo quiz√° precisamente por eso‚ÄĒ, cuando visites Las Vegas no olvides la presa Hoover, espacio que amerita un d√≠a de la existencia de los m√°s renuentes viajeros. Incluso de aquellos que viajan para jugar.

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Sociedad de los viajeros renuentes

Los selectos miembros de la SVR han viajado mucho. A veces muy bien. Y otras, muy mal. Ahora bien, lo malo no se refiere a los contratiempos sorpresivos: perder un tren, equivocarse de ruta o probar un bocado francamente repugnante es parte de lo que buscan cada vez que abandonan lo conocido. Lo lamentable es cada minuto en que la genuina curiosidad le ha cedido su lugar al m√°s trillado sentido com√ļn. Nuestra misi√≥n: transmitir a los lectores aquellas ideas de viaje capaces de seducir hasta al m√°s rejego de nuestros miembros honorarios.

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