No es lo mismo incluirlo todo… que incluirlo bien

Si salir de vacaciones suena más a una urgencia que a un simple capricho; si el único deseo es desconectarse de todo y sentarse frente al mar —y despreocuparse del cauce de la vida citadina y del mundo—, es que es hora de considerar el concepto all inclusive, o todo incluido que, como su nombre lo indica, abarca y contempla cada detalle del descanso más completo y revitalizante… con un confort que raya en lo obsceno. En el sentido más hedonista de la palabra.

Ahora bien, formarse en largas colas para servirse un desayuno frío o tomar un coctel mal hecho puede resultar tan irritante, que uno es capaz de desear no haber salido de la rutina del tráfico y de los pendientes.

Por fortuna, existen complejos hoteleros donde la idea de “cantidad ilimitada” no es la antítesis de “calidad y servicio de primer nivel”. Ese es el caso de marcas como Grand Velas, Dreams o Live Aqua, que satisfacen con creces los criterios más exigentes, y se dan el lujo de desarrollar sus propios sellos distintivos.

En México, Dreams tiene propiedades en playas tan distintas como Los Cabos, Baja California; Isla Mujeres, frente a Cancún, Tulum, o en lo más tranquilo del Caribe mexicano donde, por ejemplo, la acogedora estancia principal está decorada con obra del artista oaxaqueño Demián Flores.

Por su parte, Grand Velas —que también tiene hoteles en la Riviera Maya y Vallarta—cuenta en su resort de Riviera Nayarit con el restaurante Piaf, de cocina francesa, reconocido con cuatro diamantes por la AAA (American Automobile Association)  y, en definitiva, uno de los más socorridos de la Bahía de Banderas.

Piaf

Y en el Live Aqua Cancún la preocupación por la experiencia completa de los huéspedes es tal, que además de ofrecer tres restaurantes de autor, se cuida hasta el último detalle las fragancias de cada espacio —mismas que uno puede llevarse a casa—, y el sonido de las áreas comunes es obra de talentosos DJs.

Aqua Live Cancun

Pero la Sociedad de los Viajeros Renuentes tiene su propia forma de poner a prueba un Todo Incluido: si a las 48 horas de dejarse consentir, digamos, en el Dreams Tulum, el huésped vuelve a ser el tipo de viajero que necesita escaparse al sitio arqueológico; si cruza el pórtico del Grand Velas Vallarta para explorar aquella playa de Mismaloya que fue escenario de la cinta La Noche de la Iguana (1964), del director norteamericano John Houston y por la cual el cinefotógrafo mexicano Gabriel Figueroa fue nominado al Oscar…. es que la escapada cumplió su cometido.

Eso sí, para la siguiente recaída, a los capitalinos les bastará con ponerse en manos del Live Aqua, que está dentro de Arcos Bosques, en Avenida Tamarindos, un especial recinto de templanza ideado para los espíritus más ejecutivos en el poniente de la Ciudad de México.

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Los selectos miembros de la SVR han viajado mucho. A veces muy bien. Y otras, muy mal. Ahora bien, lo malo no se refiere a los contratiempos sorpresivos: perder un tren, equivocarse de ruta o probar un bocado francamente repugnante es parte de lo que buscan cada vez que abandonan lo conocido. Lo lamentable es cada minuto en que la genuina curiosidad le ha cedido su lugar al más trillado sentido común.

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